• Cristina Santiago

¿Son los lácteos saludables o perjudiciales para los seres humanos? Parte 1

Actualizado: 13 de dic de 2019

que


Algunos profesionales sanitarios se posicionan sobre los mismos afirmando que tienen un efecto neutro en la salud recurriendo a este estudio: Daily milk consumption and all-cause mortality, coronary heart disease and stroke: a systematic review and meta-analysis of observational cohort studies. Bien, este estudio hemos de tomarlo con pinzas, ya que los autores del mismo, a pesar de que concluyen que la ingesta de lácteos no está asociada a mayor mortalidad por todas las causas ni a más incidencia de enfermedad cardiovascular, no descartan la posibilidad de sesgo en la publicación, que puede conducir a una subestimación de los riesgos asociados con el consumo de leche (1). Además, no debemos olvidar que muchas veces las industrias financian los estudios y los diseñan a su antojo para lograr el resultado que desean (2). Así mismo, si buceamos en la literatura científica, el consumo de lácteos está asociado con diversas patologías:

  • Enfermedades cardiovasculares: los autores del citado estudio barajaban la posibilidad de sesgo y, al menos en parte, parece que no estaban equivocados. “En 2008 la industria láctea mundial celebró una reunión en la que decidió que una de sus principales prioridades era neutralizar el impacto negativo de la grasa láctea -los lácteos enteros son una importante fuente de grasas saturadas- establecido por los reguladores y los profesionales médicos. Así, crearon una importante y bien financiada campaña para proporcionar pruebas de que la grasa saturada no causa enfermedades del corazón. Reunieron a científicos que simpatizaban con la industria láctea y se les proporcionó financiación, incentivándolos a hacer declaraciones sobre la grasa láctea y las enfermedades del corazón. Y estas declaraciones las hacían también en congresos científicos. Los estudios científicos que se han publicado desde esta reunión del 2008 han contrarrestado la imagen negativa de las grasas saturadas”. Así de contundente explicaba en una entrevista concedida a la organización de consumidores CSPI (Centro para la Ciencia en el Interés Público) Martijn Katan, bioquímico y profesor emérito de nutrición de la Universidad de Amsterdam y renombrado experto mundial en dieta y enfermedad cardiovascular. De hecho, Katan llevó a cabo una pionera investigación que documentó los daños que causan a la salud las grasas trans (3). Así, la industria láctea ve como su principal enemigo a los “mensajes negativos y la intensa presión para reducir las grasas saturadas por parte de gobiernos y organizaciones no gubernamentales”. Por tanto, su prioridad es neutralizar la imagen negativa que tiene la grasa láctea en relación con las enfermedades del corazón (4). Con 4 organismos tan potentes como la Asociación Americana del Corazón y el Colegio Americano de Cardiología que mantienen una estricta recomendación de consumir no más de un 5-6% de las calorías totales en forma de grasas saturadas, basada en su máximo grado de evidencia científica (5, 6) y el prestigioso Instituto de Medicina (IOM) de EEUU y la EFSA (Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria) que aconsejan reducir el consumo de grasas saturadas al máximo (7, 8), la industria láctea se las ingenia para darle la vuelta a la situación y que se perciba a las grasas saturadas como “neutras”. ¿Y cómo lo hace?

Con estudios observacionales, que jamás podrán establecer una relación ni siquiera de asociación entre la grasa saturada y las enfermedades cardiovasculares. ¿Por qué? Por varios motivos. En primer lugar, como explica Katan, porque las diferencias en la ingesta de grasas saturadas entre las personas de una misma población son pequeñas. Y segundo, estos estudios muchas veces no están bien diseñados y todo funciona a favor de que no se encuentre ningún efecto (9). Y en tercer lugar, los niveles basales de colesterol son muy diferentes en las personas, porque ese punto de referencia no depende de la alimentación, sino de los genes. Así, dos personas que lleven exactamente la misma dieta, pueden tener niveles de colesterol en sangre distintos. Sin embargo, aunque nuestra genética sea diferente, nuestra biología es la misma, es decir, si dos personas comen la misma cantidad de grasa saturada, su colesterol va a aumentar los mismos puntos. Lo que cambia es que el punto de partida es diferente, pero las subidas y bajadas de colesterol ante las mismas modificaciones en la cantidad de grasa saturada ingerida son iguales para todos. Se sabe que la relación ingesta de grasa saturada- aumento de colesterol en sangre es tan grande y exacta, que incluso hay una ecuación para predecir cuánto va a subir el colesterol sérico en función de la grasa saturada consumida: la ecuación de Hegsted (10). Por ello, debido a esta gran variación interindividual en los niveles basales de colesterol si se toma una muestra representativa de la población no se puede hayar una relación estadística entre la ingesta de grasas saturadas y el colesterol. Aunque comas la misma cantidad de grasa saturada, como el punto de inicio del colesterol es diferente, no se va a tener más de X colesterol en sangre. Conocemos la variación, pero no podemos predecir el valor final total.

En resumen, debido a esta extrema variación entre las personas de los niveles base de colesterol, en los estudios observacionales, que estudian muestras representativas de población, se puede obtener una correlación entre grasa saturada y colesterol en sangre de 0. Y, por tanto, lo mismo sucede en un estudio observaciones para ver si hay relación entre la ingesta de grasa saturada y enfermedad cardiovascular. Sin embargo, los estudios observacionales sí son apropiados para demostrar el papel de la dieta en relación a otras enfermedades, pero para la asociación dieta-enfermedades cardiovasculares, no (11). ¿Y qué estudios pueden evidenciar el papel de la alimentación en referencia a las enfermedades del corazón?

Los mismos en los que se han basado el IOM, la EFSA, la Asociación Americana del Corazón y el Colegio Americano de Cardiología para establecer sus directrices en cuanto a la ingesta de grasas saturadas: estudios metabólicos de custodia y estudios de intervención controlados, que muestran la mayor evidencia científica (especialmente los primeros) al probar causalidad. En concreto, estos organismos han analizado CIENTOS de estudios metabólicos de custodia, en los que a las personas se les pide que cambien sus dietas y además se las encierra en una habitación incluso durante semanas para tener un control total sobre su alimentación. Y se ve claramente cómo al aumentar la grasa saturada ingerida, se incrementan los niveles de colesterol en sangre (10). Y los estudios de intervención aleatorios muestran no solo que la reducción de las grasas saturadas dietéticas disminuye el colesterol en sangre, sino también eventos cardiovasculares como los ataques al corazón (12). De hecho, hay un gran cuerpo de evidencia realizado con estudios de intervención aleatorizados con grupo control con casi 60000 personas que descubrieron que cuanta menos grasa saturada comas, más baja tu colesterol en sangre (13). Por ello, hay este fuerte consenso científico respaldado por estas 4 organizaciones competentes en materia de salud.

Así, a raíz de todo este revuelo sobre las grasas saturadas y la enfermedad cardiovascular, la Asociación Americana del Corazón, cansada de las triquiñuelas de la industria, publicaba en 2015 en su página web: “La Asociación Americana del Corazón recomienda limitar las grasas saturadas, que se encuentran en la mantequilla, el queso, las carnes rojas y otros alimentos de origen animal. Décadas de sólida investigación ha demostrado que pueden elevar su colesterol “malo" (LDL) y aumentar así el riesgo de enfermedad cardíaca. Cuando escuche sobre la última "dieta del día" o una teoría nueva o extraña sobre la comida, considere la fuente. La Asociación Americana del Corazón hace recomendaciones dietéticas solo después de considerar cuidadosamente las últimas evidencias científicas” (5).

En 2017 el Colegio Americano de Cardiología también se posicionaba sobre este tema con un aviso presidencial: “reducir la ingesta de grasas saturadas en la dieta y reemplazarla con grasas no saturadas (frutos secos, aguacate, aceite de oliva virgen extra y aceites vegetales no tropicales) especialmente las grasas poliinsaturadas, reducirá la tasa de enfermedades cardiovasculares” (14).

Las graves consecuencias de estos estudios mal planteados son que la gente, al final, tras escuchar mensajes contradictorios, no sabe qué comer. Ya no sabe qué es bueno o malo para su salud. Acaba confundida y frustrada, y le da igual lo que llevarse a la boca. Con las nefastas consecuencias que ello tiene: mayores tasas de enfermedades, como la enfermedad arterial coronaria: la principal causa de muerte en todo el mundo. Las industrias saben que la confusión es una valiosa arma para promover sus intereses (15, 16).

A esto hay que sumar que los lácteos enteros (al igual que la carne) contienen ácidos grasos trans, que también incrementan el riesgo cardiovascular, puesto que elevan el colesterol “malo" o LDL y reducen el colesterol “bueno” o HDL. De hecho, los ácidos grasos trans -que también se encuentran en los alimentos ultraprocesados, como por ejemplo las margarinas y la bollería industrial- aumentan el riesgo de sufrir cardiopatías más que el consumo de cualquier otro macronutriente (nutrientes -a excepción del agua- que proveen energía: agua, hidratos de carbono, grasas y proteínas). Así, tanto el IOM de EEUU como la EFSA no establecen un nivel máximo de ingesta tolerable (UL, por sus siglas en inglés) para las grasas trans (la misma recomendaciones hacen para las grasas saturadas), porque cualquier consumo mayor a 0 incrementa el riesgo de enfermedad cardiovascular. Es decir, que cuanto menos tomes, mejor (17, 18).

CONTINUARÁ...

Rereferencias:

1.- Mullie P et al. Daily milk consumption and all-cause mortality, coronary heart disease and stroke: a systematic review and meta-analysis of observational cohort studies. BMC Public Health. 2016;16(1):1236

2.- NutritionFacts.org [Internet]. Maryland: NutritionFacts.org; 2018. Recuperado de: bit.ly/2WJdo1X

3.- CSPI. Fat Under Fire. Nutrition Action. 2014. Recuperado de: bit.ly/2Z0TsnO

4.- Global Dairy Platform [citado el 2 de junio de 2019]. Recuperado de: bit.ly/2WFz8ux

5.- American Heart Association. Saturated Fat. 2015. Recuperado de: bit.ly/2QGPjST

6.- Eckel RH et al. 2013 AHA/ACC guideline on lifestyle management to reduce cardiovascular risk: a report of the American College of Cardiology American/Heart Association Task Force on Practice Guidelines. J Am Coll Cardiol. 2014;63:2960-84

7.- Institute of Medicine. Dietary Reference Intakes for Energy, Carbohydrate, Fiber, Fat, Fatty Acids, Cholesterol, Protein, and Amino Acids. Washington (DC): The National Academies Press; 2005

8.-European Food Safety Authority. Dietary reference values for nutrients: Summary report. EFSA supporting publication 2017:e15121. 92 pp.

9.- CSPI. Fat Under Fire. Nutrition Action. 2014. Recuperado de: bit.ly/2Z0TsnO

10.- Clarke R, et al. Dietary lipids and blood cholesterol: quantitative meta-analysis of metabolic ward studies. BMJ. 1997; 314(7074): 112–117

11.- Jacobs Jr DR et al. Diet and serum cholesterol: do zero correlations negate the relationship? Am J Epidemiol. 1979;110(1):77-87

12.- L Hooper L et al. Reduced or modified dietary fat for preventing cardiovascular disease. Cochrane Database Syst Rev. 2011;(3):CD002137

13.- Hooper L et al. Reduction in saturated fat intake for cardiovascular disease. Cochrane Database Syst Rev. 2015;(6):CD011737

14.- Sacks FM et al. Dietary Fats and Cardiovascular Disease: A Presidential Advisory From the American Heart Association. Circulation. 2017;136(3):e1-e23

15.- Pedersen JI et al. The importance of reducing SFA to limit CHD. Br J Nutr. 2011;106(7):961

16.- NutritionFacts.org. Maryland: NutritionFacts.org; 2015. Recuperado de: bit.ly/2QDbkC4

17.- Institute of Medicine. Dietary Reference Intakes for Energy, Carbohydrate, Fiber, Fat, Fatty Acids, Cholesterol, Protein, and Amino Acids. Washington (DC): The National Academies Press; 2005

18.- EFSA (European Food Safety Authority). Dietary reference values for nutrients: Summary report. EFSA supporting publication 2017:e15121. 92 pp.


0 vistas

© Copyright Cristina Santiago Nutricionista. All Rights Reserved. ®

  • Black Facebook Icon
  • Black Instagram Icon
  • Black Twitter Icon
  • Black YouTube Icon