¿SAL REFINADA, MARINA O DEL HIMALAYA? ¿CUÁL ES MEJOR?



En la actualidad tenemos disponibles en el mercado diversos tipos de sal: flor de sal, sal Maldon, sal kosher, sal del Himalaya… El consumidor está cada vez más perdido, puesto que no sabe cuál escoger entre tanta variedad y hay mucha información contradictoria y controvertida al respecto. ¿Es la sal refinada un demonio dietético? ¿Son ciertas todas las bondades que se atribuyen a la sal del Himalaya? Lo explicamos.

Antaño la sal tenía una connotación positiva: la palabra salario tiene su origen en este condimento, cuando en la antigüedad se realizaban pagos con él. Actualmente, es un bien preciado en el aspecto gastronómico, pero controvertido en cuanto a sus beneficios e inconvenientes para la salud. Desde hace unas décadas las autoridades sanitarias recomiendan un consumo bajo de sal porque se lo ha asociado a hipertensión arterial y enfermedades cardiovasculares. Sin embargo, en la actualidad la relación sodio-hipertensión-salud cardiovascular no está nada clara, hay revisiones y metaanálisis con conclusiones muy diferentes (1, 2, 3, 4). Para arrojar algo de luz y claridad en el tema, hay otro factor que se ha sumado al triángulo anteriormente mencionado que al parecer sí que es relevante según dos estudios: el potasio (5, 6). En el primero (5), se llega a la conclusión de que una adecuada ingesta de potasio reduce el riesgo de hipertensión, pero no un bajo consumo de sodio. En la segunda investigación (6), también se llegó a la conclusión de que una alta ingesta de potasio reducía el riesgo de hipertensión y ECV.

¿A qué conclusión llegamos? Parece ser que la moderación en la ingesta de sal es la clave. Las recomendaciones oficiales actuales apuntan como saludable un consumo de no más de 6 gr de sal al día (2400 mg de sodio). Y hay que sacar otra idea en claro: aumentar el consumo de alimentos ricos en potasio, en el que los reyes son los vegetales frescos. Es decir, debemos aumentar la ingesta de frutas y verduras, y reducir el de alimentos procesados y fast food, ricos en sal refinada y pobres en potasio, recomendación que damos desde Gensi Detox a través de nuestros planes dietéticos.

Ahora es el turno de analizar las sales más empleadas y aquellas que han adquirido más popularidad:

SAL COMÚN (DE MESA)

Es la más utilizada en alimentación. Para obtener esta clase de sal normalmente se utiliza sal marina, que es sometida a un proceso de refinación. Se trata, por tanto, de una sal refinada. Está constituida por un 40% de sodio y un 60% de cloruro. Se comercializa molida, sin impurezas y tiene una pequeña cantidad de minerales.

Se le suele adicionar aditivos, como agentes antiaglomerantes, que evitan que se apelmace, y algunos minerales, como el yodo y el flúor, para evitar posibles déficits en zonas donde el acceso a alimentos con estos nutrientes escasea o se ve dificultada.

SAL MARINA

La sal marina se extrae mediante la evaporación del agua del mar. Es una sal no refinada y contiene algo menos de cloruro de sodio que la sal común, pero también es una cantidad alta: más de un 90 %.

Como no está sometida a un proceso de refinado, contiene pequeñas cantidades de minerales (calcio, magnesio, hierro…). Como handicap, señalar que contiene sustancias contaminantes presentes en el mar, como metales pesados, dioxinas y PCBs (7). La flor de sal es un tipo de sal marina.

SAL DEL HIMALAYA

Es una sal no refinada de color rosáceo, que se extrae de la mina de sal Khewra, en Pakistán, la segunda más grande del mundo. Se la conoce como “el oro blanco”, porque se le atribuyen multitud de propiedades benéficas, como aumentar la libido o favorecer la salud ósea, pero muchas de ellas no están comprobadas científicamente. De hecho, en su mayor parte es, al igual que la sal refinada y la sal marina, cloruro sódico. La ventaja es que es una sal muy pura, libre de tóxicos.

Su recogida se hace a mano y se corta en placas que se emplean como plato para servir comida, ya que mantienen la temperatura del alimento.

Entonces, ¿qué sal elegir?

Aunque es cierto que todas las sales son básicamente cloruro sódico y los supuestos beneficios de la sal del Himalaya no están probados, lo más recomendable es optar por sales no refinadas, y a ser posible, una sal gema, ya que tiene menos tóxicos, como lo es la del Himalaya. Aunque su aporte de vitaminas y minerales es escaso, no debemos olvidar un factor importante: la sinergia de nutrientes en un alimento. No es igual tomar vitamina C aislada, en suplemento, que obtenerla de un alimento como son las naranjas, por ejemplo. El ácido cítrico que contienen potencia la acción de la vitamina C.

Debemos echar un vistazo, así mismo, a las consecuencias en el organismo de otros alimentos refinados, como el azúcar blanco y los cereales refinados. No ejercen el mismo efecto en el cuerpo que sus versiones integrales, en parte porque han perdido la fibra, lo que hace que tengan mayor Índice Glucémico. Este es responsable, en buen grado, de la respuesta metabólica que generan: picos de glucemia, inflamación…

No debemos caer en reducciones simplistas, la naturaleza muchas veces nos aguarda secretos que la ciencia aun no ha podido desvelar.

PD: si deseas asesoramiento nutricional para aprender a comer saludable y vegano, tener más energía, equilibrar tu peso, mejorar el aspecto de tu piel, decir adiós al estreñimiento o simplemente quieres mejorar tu salud, escribe a cristina@cristinasantiago.es

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