COMPONENTES DIETÉTICOS QUE AFECTAN A LA FLORA INTESTINAL (I)



La composición de la microbiota intestinal humana consta de diversidad de microorganismos, como bacterias, virus, protozoos y hongos. Se estima que el tracto gastrointestinal humano alberga aproximadamente 100 billones de microorganismos, que comprenden más de 1000 especies bacterianas. Bacteroidetes, Firmicutes, Actinobacteria, Proteobacteria, Fusobacteria y Verrucomicrobia se encuentran principalmente como parte de la flora intestinal normal, donde Bacteroidetes y Firmicutes representan el 90% de la misma, y Actinobacteria, Proteobacteria y Verrucomicrobia están representadas en menor medida.


Un desequilibrio o alteración en la composición y actividad microbiana, también llamado “disbiosis de la microbiota intestinal”, produce una inflamación sistémica de baja intensidad que se ha asociado con varias manifestaciones clínicas, aunque todavía no está claro si esta disbiosis intestinal es la causa o la consecuencia de la enfermedad. Estos trastornos incluyen obesidad, diabetes mellitus tipo 2, comorbilidades neurológicas y neuropsiquiátricas (enfermedades de Alzheimer y Parkinson, encefalopatía hepática, trastorno del espectro autista, depresión, esclerosis lateral amiotrófica), alergia, carcinogénesis, enfermedades autoinmunes (enfermedad celíaca, lupus eritematoso sistémico, artritis reumatoide, psoriasis, dermatitis atópica), enfermedades cardiovasculares y enfermedades crónicas renales, hepáticas y gastrointestinales. Entre los trastornos más comunes del tracto gastrointestinal relacionados con la disbiosis de la microbiota intestinal se encuentran los dos tipos principales de enfermedad inflamatoria intestinal: la colitis ulcerosa y la enfermedad de Crohn. También se ha informado de síndrome del intestino irritable, enfermedad diverticular y cáncer colorrectal.


La microbiota intestinal se considera el órgano más grande y el sistema de microorganismos más complejo y, como hemos podido deducir de lo explicado en el párrafo anterior, desempeña un papel crucial en la mayoría de los aspectos de la salud y del bienestar humano. Así, interviene en la digestión de los alimentos, en la degradación metabólica de fármacos y toxinas, en el metabolismo de los nutrientes, en la protección antimicrobiana, en el desarrollo y la homeostasis de la inmunidad, en el eje intestino-cerebro, en el eje intestino-hígado y en la salud gastrointestinal y cardiovascular.


Factores que afectan a la composición y funcionalidad de la flora intestinal


Varios factores como las transiciones del lactante (edad gestacional al nacer, tipo de parto, prácticas de alimentación -leche materna o leche de fórmula-, destete), hábitos alimentarios, edad, etinicidad, hábitos culturales y de estilo de vida (ejercicio, consumo de alcohol, etc.), factores geográficos y ambientales, estrés, obesidad, consumo de probióticos y prebióticos, uso de antibióticos, comorbilidades intestinales y las enfermedades metabólicas, pueden alterar la composición y diversidad bacteriana. Los estudios in vivo han informado que se ha demostrado que los cambios en la composición de la microbiota intestinal ejercen un papel importante en el mantenimiento de la función de la barrera intestinal. De hecho, se ha documentado que las dietas bajas en fibra, altas en proteínas y altas en grasas aumentan tanto la inflamación intestinal como la permeabilidad al alterar la translocación de poblaciones bacterianas y metabolitos que modulan la inflamación. Además, los metabolitos derivados de la microbiota intestinal, incluidas las bacteriocinas, los Ácidos Grasos de Cadena Corta (AGCC), los aminoácidos microbianos y las vitaminas, parecen desempeñar un papel vital en la activación de la respuesta inmune intestinal, defendiéndose así contra patógenos externos.


En referencia a los hábitos alimentarios, está bien documentado que los patrones dietéticos a largo plazo pueden alterar tanto la diversidad como la función de la microbiota intestinal, mientras que no se sabe bien cómo el consumo a corto plazo de diferentes dietas puede alterar los cambios en la composición y funcionalidad de la microbiota intestinal. La fibra prebiótica (prebióticos), los polifenoles, las grasas y las proteínas suelen estar implicados en las principales vías metabólicas de la microbiota intestinal. Las dietas omnívoras, ovo-lacto vegetarianas y veganas tienen su propia microbiota, lo que confiere efectos heterogéneos tanto en la abundancia como en la diversidad de la microbiota intestinal. Los perfiles de la microbiota intestinal vegana y vegetariana incluyen una mayor profusión de bacterias beneficiosas en comparación con las omnívoras. Así, la microbiota intestinal humana parece estar alterada en mayor medida en omnívoros que en veganos, y está compuesta por microorganismos potencialmente dañinos tolerantes a la bilis, ya que las dietas altas en alimentos de origen animal suelen caracterizarse por niveles elevados de ácidos biliares fecales. Los ácidos biliares, que son compuestos derivados del colesterol sintetizados en los hepatocitos (células hepáticas), permiten la emulsificación de las grasas de la dieta y la absorción intestinal de lípidos y vitaminas lipofílicas, actúan en varias vías metabólicas e inflamatorias y alteran la composición de la flora intestinal.


Aunque la estructura de la microbiota intestinal de los veganos no se ha especificado con precisión, y varios factores ambientales, culturales y genéticos se han asociado con la diferenciación de la comunidad intestinal occidental y no occidental, se ha informado que la proporción Prevotella/ Bacteroides fue más elevada en personas con una mayor ingesta de fibra y almidón que en las personas que siguen la clásica dieta occidental. Por lo tanto, la microbiota intestinal está dominada por especies Prevotella en aquellos que practican dietas basadas en plantas, como los africanos, asiáticos y sudamericanos, mientras que el enterotipo impulsado por Bacteroides es predominante en individuos que consumen dietas ricas en proteínas animales y grasas saturadas. Prevotella spp. proporcionan propiedades antiinflamatorias eficaces en determinadas enfermedades, incluida la artritis inflamatoria y la esclerosis múltiple, mientras que Bacteroides spp. suelen estar involucrados en varias infecciones que proporcionan resistencia antimicrobiana a una variedad de antibióticos y también pueden actuar como comensales útiles para el huésped humano.


Componentes dietéticos que ejercen un efecto en la flora intestinal


  1. La fibra. La fibra dietética puede influir en la comunidad microbiana intestinal en términos de tipo, número y consistencia de las especies bacterianas. Así, las dietas con carbohidratos no digeribles ricas en cereales integrales se asocian con un aumento de Bifidobacterium spp. y Lactobacillus spp., mientras que el almidón resistente y la cebada de grano entero también pueden aumentar las bacterias del ácido láctico, incluidas Ruminococcus spp., Eubacterium rectale y Roseburia spp. Tanto las bifidobacterias como los lactobacilos están asociados con un papel protector de la barrera intestinal humana al inhibir la invasión y el crecimiento de patógenos bacterianos. Akkermansia muciniphila, una bacteria de la microbiota intestinal que degrada las mucinas y que puede representar del 3% al 5% de la comunidad microbiana total en sujetos sanos, también se ha relacionado con la mejora de la función de la barrera intestinal, la prevención de la translocación bacteriana intestinal, la inflamación y la obesidad, homeostasis intestinal y metabolismo.

Señalar que la fibra que más favorece una composición equilibrada y saludable de la flora intestinal es la prebiótica. Aunque todos los prebióticos son fibra, no toda la fibra es prebiótica. Los prebióticos más conocidos son la inulina, los fructooligosacáridos (FOS) y el almidón resistente, que se encuentran en alimentos como los puerros, espárragos, achicoria, remolacha, diente de león, alcachofas, ajo, cebollas, pasas, plátano, manzana, avena, cebada, patata (cocida y enfriada), arroz integral (cocido y enfriado) y legumbres. También hay suplementos de prebióticos. Los prebióticos son un tipo de fibra que es fermentada por nuestra flora intestinal, la cual le sirve de alimento y favorece el crecimiento de bacterias beneficiosas (lactobacilos y bifidobacterias). Es decir, la fibra prebiótica permite un cambio en la composición y actividad de la microbiota, confiriendo beneficios a la salud de esa persona.


Cuando los prebióticos son fermentados por la flora intestinal del colon se producen Ácidos Grasos de Cadena Corta (AGCC), principalmente butirato, propionato y acetato, empleados por algunas bacterias del colon para producir energía. El butirato es la fuente de energía preferida por las células del colon, mientras que el propionato puede reducir la producción hepática de colesterol.


Estos AGCC también ayudan a regular la absorción de sodio y agua y pueden mejorar la absorción de calcio, magnesio, zinc y hierro. Además, pueden inhibir el crecimiento de patógenos y promueven el crecimiento de bacterias beneficiosas como bifidobacterias y lactobacilos.


Los AGCC también puede que mejoren la función inmunológica. Así, ciertas fibras prebióticas, como los β-glucanos (presentes p. ej. en la avena), pueden fortalecer el sistema inmune.

Otros posibles efectos de los prebióticos:

-Reducir la prevalencia de la diarrea infecciosa y asociada a antibióticos.

- Reducir la inflamación y los síntomas asociados con la enfermedad inflamatoria intestinal.

- Proteger frente al cáncer de colon.

- Reducir factores de riesgo de enfermedad cardiovascular y de diabetes tipo 2.

- Promover la saciedad, la pérdida de peso y la mejora de la composición corporal.

- Mejorar el perfil lipídico y la homeostasis de la glucosa.

- Fortalacer la barrera mucosa.


2. Polifenoles. Los polifenoles son abundantes en una dieta vegana bien planificada y aumentan las bacterias benéficas Bifidobacterium spp. y Lactobacillus spp. Las frutas como las bayas y los frutos rojos (sobre todo los arándanos, las grosellas negras, las cerezas, las moras y las fresas), las ciruelas, las manzanas, el mango y los cítricos, las verduras (destacan las alcachofas, la achicoria, la cebolla roja y las espinacas), las plantas medicinales, las especias (especialmente el clavo, la menta, el anís, el orégano y el romero), las semillas oleaginosas (encabeza la lista el lino) y los frutos secos (los que más contienen son las avellanas y las nueces pecanas), los cereales integrales, las legumbres (soja y alubias), y las bebidas, como el café, el té, el cacao y el vino tinto, son buenas fuentes de polifenoles. Los polifenoles presentes en algunos alimentos pueden reducir la proliferación de bacterias patógenas, como Clostridium perfringens y Clostridium histolyticum, los valores de proteína C reactiva (marcador de inflamación corporal sistémico) y de triglicéridos.


3. Sal. La OMS recomienda una ingesta máxima de sal de 5 g/ día, aunque, en general, cuanta menos sal tomemos, mejor. Una dieta rica en sal es uno de los principales factores de riesgo en el desarrollo de hipertensión, daño renal, enfermedades cardiovasculares y cáncer gástrico.


Con respecto a la microbiota intestinal, varios estudios en modelos animales demostraron que una dieta alta en sal se asocia con una disminución de la abundancia de Lactobacillus spp. El exceso de sodio puede provocar alteraciones en la composición de la microbiota intestinal, lo que puede alterar la producción de AGCC asociada con modificaciones de la permeabilidad intestinal y la homeostasis inmunitaria.


En la siguiente entrada del blog expondré el resto de componentes dietéticos que afectan a nuestra flora intestinal.


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Fuentes:

  1. https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC7073751/

  2. .-https://bit.ly/2UKoDnd

  3. .-http://www.aulamedica.es/nh/pdf/8715.pdf

  4. .-https://bit.ly/3pOiS68

  5. https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/21045839/

  6. https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC6835969/


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