COMPONENTES DIETÉTICOS QUE AFECTAN A LA FLORA INTESTINAL (II)



En el anterior post os expliqué cómo la fibra prebiótica, los polifenoles y la sal afectan a la composición y funcionalidad de la microbiota intestinal. En este vamos a ver el efecto que en este mismo órgano ejercen las grasas, las proteínas, los edulcorantes artificiales y algunos nutrientes y antioxidantes (como la vitamina D y los carotenoides).


  • Tanto la calidad como la cantidad de la ingesta de grasas en la dieta pueden influir en la composición de la microbiota intestinal. Las dietas veganas bajas en grasas que contienen grasas monoinsaturadas y poliinsaturadas (especialmente los ácidos grasos Omega 3) alteran la composición intestinal microbiana al aumentar la proporción de bacterias benéficas, como Prevotella spp., que proporcionan propiedades antiinflamatorias eficaces en determinadas enfermedades, incluida la artritis inflamatoria y la esclerosis múltiple. Sin embargo, las grasas saturadas animales aumentan bacterias patógenas (como por ejemplo Escherichia spp., Clostridium spp. y Streptococcus spp.) y también disminuyen algunas beneficiosas como Bifidobacterium spp. Esto puede provocar inflamación y conducir a alteraciones metabólicas. Por tanto, una ingesta elevada de grasas dietéticas y, en particular, de grasas saturadas, podría provocar disbiosis intestinal.


  • Proteínas. Tanto las especies benéficas Bifidobacterium y Lactobacillus como los niveles intestinales de Ácidos Grasos de Cadena Corta (AGCC) -ayudan a la absorción de algunos nutrientes, inhiben el crecimiento de bacterias patógenas, promueven el crecimiento de bacterias benéficas, poseen efectos beneficiosos en el sistema inmune y son antiinflamatorios- aumentan después del consumo de proteína de guisante, mientras que la de microorganismos patógenos como C. perfringens y Bacteroides fragilis disminuyen. Otras proteínas vegetales muestran efectos similares. Sin embargo, la ingesta de proteínas animales, particularmente de carnes rojas y productos lácteos, puede conducir a un aumento de Bacteroides, suelen estar involucrados en varias infecciones que proporcionan resistencia antimicrobiana a una variedad de antibióticos. Estas alteraciones de la microbiota intestinal inducen un aumento de N-óxido de trimetilamina (TMAO), un compuesto conocido por su potencial proaterogénico, que desempeña un papel en las enfermedades cardiovasculares. Un alto consumo de proteínas de origen animal podría aumentar el riesgo de enfermedades inflamatorias del intestino (EII) a través de una producción acumulada de sulfuro de hidrógeno (H2S) por bacterias reductoras de sulfato. Además, la fermentación de proteínas de origen animal puede disminuir la abundancia de Bifidobacterium y la producción de SCFA, lo que podría aumentar el riesgo de EII. El exceso de proteína animal también parece tener un papel importante en la patogénesis de la EII alterando la composición de la microbiota intestinal al aumentar Bacteroides spp. (suelen estar involucrados en varias infecciones que proporcionan resistencia antimicrobiana a una variedad de antibióticos) y al disminuir las beneficiosas Lactobacillus spp., Roseburia spp. y E. rectale.


  • En referencia a los edulcorantes artificiales, como el aspartamo, el acesulfamo K, la sacarina y la sucralosa, que se añaden a algunos productos para prolongar su vida útil y mejorar su sabor, diversos estudios señalan que pueden desequilibrar la flora intestinal.

  • La vitamina D. Varios estudios han puesto de manifiesto que la vitamina D podría afectar a la composición de la microbiota intestinal aumentando la abundancia de cepas bacterianas beneficiosas.

  • Antioxidantes como los carotenoides, responsables de los colores amarillo, naranja y rojo de muchas frutas y verduras, podrían influir en la composición de la microbiota intestinal. Un estudio en humanos demostró que la luteína del polvo del extracto de grosella negra promueve el crecimiento de bifidobacterias y lactobacilos y reduce otras poblaciones de bacterias, como Bacteroides spp. y Clostridium spp. Por otro lado, los niveles séricos de carotenoides podrían verse afectados por la composición de la microbiota intestinal. De hecho, Karlsson et al. realizó un estudio para identificar la asociación entre las alteraciones del metagenoma intestinal y la aterosclerosis y sugirió que los altos niveles de betacaroteno en el suero de controles sanos podrían deberse a la producción potencial de este antioxidante por la microbiota intestinal. Este estudio sugirió que los efectos antiinflamatorios del betacaroteno están mediados por la microbiota intestinal.

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Fuentes:

  1. https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC7073751/

  2. https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC6835969/

  3. https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/25231862/

  4. https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/26272781/

  5. https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/24855176/

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